sábado, 30 de mayo de 2009

¿No hay razones para ser felíz?

El mecanismo de mi felicidad se plasma perféctamente en el pequeño bosquejo de vida que escribo a continuación:

Son las doce de la mañana. Salgo de casa. El calor del medio día me acaricia la piel. Ensancho el pecho, respiro a gusto. Luego echo a andar calle abajo silbando una cancioncilla. Pasa un automóvil, le hago un regate. ¡¡Qué bien!! Me encuentro agilísima... los árboles de un verde brillante. ¡Vivan los árboles verdes!

Un perro olisquea la fachada de una casa. Lo llamo, le hago una caricia; el perro menea el rabo. Los perros... ¡Qué simpáticos son los perros! Más allá juean unos niños. Nuevas caricias. Uno de los niños sonrrie, el otro llora con furia. ¡Jé! ¡Tienen gracia los chicos!,¿eh?. Sigo adelante cada vez más contenta.

Un muchacho guapísimo avanza. ¡Dios! ¡Qué guapo es! Tendrá vacíos el corazón y el cerebro, claro, pero ¡qué guapo es! ¡Qué brazos los suyos! ¡Qué ojos! ¡Qué boca! ¡Vivan los hombre lindos! Adelante..

Llego a un café soleado y tranquilo. Abro mi libro en inglés(hay que practicar). Me sirven un café. Tomo un sorbo. Está estupendo. Sabe a sidol, pero está estupendo. Enciendo un cigarro. ¡Ah!, Fumar.....¡Qué delicia!

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